ESTHER FERRER
TODAS LAS VARIACIONES SON VÁLIDAS, INCLUIDA ESTA.
En el momento en que me paré sobre aquellas fotografías que te miraban fijamente y que eran la misma persona, pero pulidas por el espacio y el tiempo, me vi también en un poco a mi misma entendiéndome, y luchando constantemente conmigo misma.
Podía entender la obsesión del infinito de Esther, y del instante, del lugar que ocupa el tiempo, de que lo que ha sido, lo que es ahora, no será ya jamás el mismo instante.
Y como la vida no es más que una repetición de ese tiempo, ese espacio, que convergen junto con todas las demás cosas, haciendo un popurrí único e infinito en el recuerdo, pero finito para todo lo demás.
La obra de toda una vida es inusualmente compleja para ella, se muestra a la persona que está mirando con un estilo pulcro y muy cuidado, milimetrado, matemático.
Yo nunca he entendido de parámetros, y ella me los ha explicado, me ha hecho entender los suyos, los de su voz, los de su masa corporal, su pelo y su tiempo, y todas las ideas que han confluido en todos aquellos instantes.
Y ahora puedo sentir y comprender su miedo, porque es también mío.
Siempre lo fue.

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