DORIS SALCEDO
PALIMPSESTO
No te das cuenta del falso suelo hasta que haces hincapié en recordar como habías visto antiguamente el lugar, y lo primero que haces es ponerle una funda a tus pies, te prohíben unas cuantas cosas antes de entrar, y por supuesto que te quedas en aquel espacio tan enorme mirando las marcas y las letras de agua, totalmente embobada. Coges el folleto y lees y vuelves a mirar lo que está cerca de tus pies, eso que les han prohibido, y miras una vez más el papelito y relees y entonces te pones en cuclillas y ves el nombre escrito con gotas de agua, gotas que parecen inocentes ahí suspendidas y brillantes, pero que en grandes cantidades son aterradoras, y luego miras hacia el techo, aquella maravillosa estructura de cristal y hierro, y te das cuenta del desafío. De como el suelo está gritando a toda aquella instalación, la está insultando en su propia casa, y a su propia cara, el suelo nos insulta a todos nosotros, y a los que fueron nuestros padres.
Y nos está recordando lo que da miedo, todas las esperanzas truncadas, el vacío de vidas perdidas sin sentido, y el sonido chirriante de grandes casas hechas con huesos y sangre.



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