RUEGOS
SÚPLICAS Y PREGUNTAS
Me está mirando con esos ojos siniestros y vacíos de estatua,
reprochan los míos que brillan vidriosos con la luz de la noche.
Están sintiendo mi miedo.
Pero no sienten nada.
Escucho, “no va a salir bien, no va a salir bien”,
son voces lejanas.
Yo creo, como si fuese mi fe,
irrevocable.
Ciegamente.
Necesito la verdad, que cae a plomo,
dando un golpe seco.
Como cuando chocan dos galaxias,
o se derrumba el mundo encima
.
Ambas dejan tras de si,
un rastro de luz divina.
Que intento seguir desorientado,
pero mientras reposo suplicante
a que llegue lo añorado:
ruegos y esperanzas ya perdidas,
en nichos lejanos
EN LO ALTO
No he poseído nunca un interés sincero por lo divino, o lo religioso,
no he perseguido sus colores, y menos sus rastros, pero
un día caminaba por un lugar que había recorrido cientos de
veces, y advertí una cosa diferente, que siempre había descansado
allí, pero era la primera vez para mi. En una pared ruinosa
descansaba una virgen rota, en un nicho alto y olvidado, y
pude reconocer su enigma.
Vi ruegos y esperanzas de gente que como yo la veía, y sin pensar,
al ver su rostro familiar conversaban con aquellos ojos apagados
y esa media sonrisa. Como si se estableciera un punto en
esas ciudad donde se otorga lo divino a los mortales, como una
puerta a la que tocamos para hablar con lo que ya hemos perdido,
o como una silla en la que sentarnos a esperar lo irremediable,
lo que aun seguimos esperando y sabemos que no llegará,
pero que rogamos y ansiamos.
E incluso a mi que me siento lejana de la divinidad, quise acercarme
a ella y preguntarla mis dolores y agujeros.
Un diario público pero encriptado.
Y además en lo alto, para poder verlo, pero nunca alcanzarlo
Técnica: óleo sobre pan de oro
Soporte: Tabla de madera contrachapado
Medidas: 42*60 cm
Serie: 3 cuadros

"Un montón de ropa justo encima de una silla"
PROCESO
El problema principal es que era un material desconocido para
mi,pero me aventuré a comprar pan de oro y probar. Inmediatamente
creé una conexión entre madera, brillo metálico y
persona. Era algo así como un brillo celestial.
Prácticamente divino. Además el rojo acentuaba su color natural.
Después de imprimar la tabla con pintura y las láminas de
oro, todo lo demás vino rodado.
La escasez de materiales de los que disponía me proponían un
reto interesante.
Creé veladuras casi por instinto, y el óleo me enseñaba gamas
en el metal que simplemente me cautivaban.
Hallé una armonía de color, brillo y textura, con un marco
amargo del que no puedo desprenderme para contar una historia,
que duele, y que mejor para describir eso que contar la
historia de una pérdida.
EXPOSICIÓN
En principio la forma de exponerlo sería sencilla. Al entrar se
podría ver el poema en grande pegado en la pared con vinilo, y
una breve introducción de la obra general.
Los tres cuadros con un metro y medio de separación en cada
uno, pero sobre un panel negro y no uno blanco, puesto que
con las luces, se refleja en el brillo del pan de oro y se ilumina
demasiado.
En la parte de abajo vendrá el nombre del cuadro junto con su
ficha técnica. Y habrá el suficiente espacio para que el receptor
pueda captar sus diferentes puntos de vista y de matices que le
da el brillo junto con las veladuras.
La luz de exposición será suave para evitar el brillo innecesario
CONCLUSIÓN
He sacado en claro que la espiritualidad es una medida diferente
a la de religión, que no es necesario conocer la segunda para
comprender la primera, pero la primera es necesaria para encontrar
ese margen entre divinidad y mente. Que añorar es tan
humano como suplicar y que está en todos nosotros algo inteligible
que cada vez está más lejos, y que comprendemos peor



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